El 29 de marzo de 1642 el cronista Gil González Dávila mencionaba en una carta al erudito aragonés Andrés de Uztarroz cierto epistolario cortesano aparentemente escrito por un médico del rey Juan II de Castilla, Fernán Gómez de Cibdad Real, indicando que sus cartas avisaban “de muchas cosas que en aquel tiempo sucedían en Aragón y Castilla, que omitieron las historias”.
Era, que se sepa, la primera noticia de una de las más célebres imposturas de la historiografía española.