jueves, 30 de diciembre de 2010

SOBRE LA PRIMERA TRADUCCIÓN DEL FURIOSO

   Libros de caballerías. Estas palabras tienen en nuestra cultura, al menos desde la Navidad de 1604, un significado especial. Poco importa que casi nadie los lea, todo el mundo sabe lo que son, aunque el tiempo los haya arrinconado en las bibliotecas de especialistas y bibliófilos. En otro tiempo, sin embargo, sus héroes legendarios, sus míticas geografías, sus castillos inaccesibles, sus mágicos prodigios fueron lectura entretenida del público letrado y aún, en lecturas colectivas, del iletrado. Como más tarde pasaría en el folletín decimonónico, el relato de sus muchos episodios y la presunción de su desenlace prevalecen sobre el desenlace mismo. Unos autores continúan la obra de otros, se hacen sagas, y continuaciones, y continuaciones de las continuaciones. Y bien mirado tampoco debería ser tan anacrónico ese mundo fantástico cuando hoy en día modernos libros de caballerías como El señor de los anillos siguen siendo fenómenos de masas. Quizás lo anacrónico es únicamente el lenguaje, y deja de serlo cuando historias ancladas en aquellas se trasladan al cine o a los videojuegos. En la actualidad, salvo unos pocos casos, no es fácil encontrar los viejos libros de caballerías en las librerías, aunque un proyecto institucional, Libros de Rocinante, viene reeditándolos desde hace unos años. Tampoco en el mercado del libro antiguo se ven las viejas ediciones con la frecuencia de épocas pasadas que conocemos por viejos catálogos, pero de vez en cuando, cada vez más raramente, todavía aparece alguno de estos libros, vestigio de aquel esplendor renacentista. El de hoy es uno de ellos, y aunque originalmente no pertenece a la tradición hispánica, fue asimilado con naturalidad entre los más populares relatos autóctonos por los lectores españoles de la segunda mitad del siglo XVI.


Ariosto, Lodovico
Orlando fvrioso, dirigido al príncipe don Philipe nuestro Señor, traduzido en Romance Castellano por don Ieronymo de Vrrea. Amberes, 1549. 
(En colofón: Imprimiose en la muy noble y leal villa de Anuers en casa de Martin Nucio y acabose a XXV días de Agosto. De. M.D.XLIX. años)
260, [2] h.
Cuarto (212 x 150 mms.) Encuadernación en pergamino de época. En la parte superior del lomo, a tinta, en pequeño formato: Orlando Furioso. Sobre el corte inferior, caligrafiado en mayúsculas: ORLANDO FVR. SPAGNOL. Portada arquitectónica en xilografía con las armas de Felipe II,  corta de margen, con pequeña mancha de cera. Retrato del traductor en el que se ha pintado en rojo la cruz de Santiago. El papel de los dos primeros pliegos con alguna linea de antigua humedad.

    La primera versión de Orlando furioso se publicó en 1516, en la bella ciudad de Ferrara, gobernada por la casa de Este, a la que se destina. Hay artistas que jamás se acuerdan de una obra acabada, pero otros vuelven obsesivamente una y otra vez sobre lo que han hecho. Como Velázquez, de quien se sabe que corregía algunas de sus pinturas bastante tiempo después de haberlas terminado. O como Ariosto, que tras diez años de trabajo hasta la publicación del Orlando, seguiría corrigiéndolo durante casi veinte años, hasta su muerte. La primera edición modificada salió en 1521. La segunda, en 1532. En pocos años se editaría docenas de veces. Entre ellas, la publicada en 1542 por Gabriel Giolito de Ferrari en Venecia llegaría a ser paradigmática: una portada llamativa, un retrato del autor, un texto de Lodovico Dolce introduciendo cada uno de los 46 cantos, que se disponen a dos columnas, individualizando las octavas, precedidos, por vez primera, de una serie de ilustraciones xilográficas que sintetizan el relato en imágenes. El modelo se convirtió en un éxito inmediato, y durante cerca de dos décadas Giolito lo reimprimió sin descanso casi cada año. Probablemente muchos españoles de los miles que entonces paraban en Italia lo leyeron en su idioma original, pero pronto se impondría la tentación de traducirlo. La traducción de Jerónimo de Urrea fue la primera y se publicó en 1549 en la imprenta de Martín Nucio, en Amberes, ya con el anuncio de que habría de ser corregida. La edición de Nucio no sólo se concibió al modo de las exitosas de Giolito, sino que probablemente utilizó parte de los materiales xilográficos empleados en aquellas: letras capitulares, frisos y, muy especialmente, la serie de ilustraciones que preceden a cada uno de los cantos. 


Ariosto, Orlando, edición Giolito, Venecia, 1549, en cuarto, y edición Nucio, 1549, de la traducción de Urrea. El número del canto varía por la supresión de uno en la versión de Urrea, que une el 2 y el 3 al eliminar más de 40 octavas dedicadas a la casa de Este. En las primeras octavas del canto XXXIII, Ariosto hace un parangón entre los artistas de la antigüedad y sus propios contemporáneos.

  En algunas referencias bibliográficas se atribuyen las ilustraciones de esta edición al grabador Arnold Nicolai, que en esos años trabajaba principalmente para Plantino, y también para otros impresores de Amberes como Steelsio y Nucio. La razón de la atribución parece estar en que ilustraciones de esta serie se reutilizaron posteriormente en otras ediciones de Nucio, no sólo en el Orlando sino también en el Amadís de 1561, y que en alguna de estas ediciones podría haberse identificado la marca de Nicolai, una A muy característica que se puede apreciar, por ejemplo, en la portada heráldica del Felícisimo viaje, de Calvete de Estrella, editado también por Nucio en 1552.


El felicíssimo viaje..., detalle de la portada. Biblioteca Digital de Castilla y León.
El signo de Arnold Nicolai se aprecia al pie del escudo, sobre el escalón, a la izquierda.

   Ocurre sin embargo que revisadas al detalle todas las ilustraciones de esta edición de 1549 no aparece ese monograma por ninguna parte, por lo que más fácil parece pensar, como afirma una reciente editora de la obra, que hayan sido “recabadas de la edición Giolito, 1542 y siguientes”. Hay sin embargo un detalle que ha pasado desapercibido a quienes se han ocupado de este libro, y es que las ediciones del Orlando de Giolito son normalmente en cuarto, pero también en octavo, y pese a la extrema semejanza formal y técnica, que revela un mismo origen, el taller veneciano maneja al menos dos series de ilustraciones. Apenas alguna descripción bibliográfica aporta las medidas, pero si se contrastan se observa que los tacos xilográficos son más pequeños en algunas ediciones: 48 x 88 mms. para la edición en octavo de 1547, frente a 65 x 120 mms. de la edición de 1542 en cuarto. La serie que incorpora Nucio se ajusta a la primera medida, y ha de proceder, por tanto, directamente del material empleado en las ediciones venecianas en octavo, o en su defecto de una copia tan extremadamente fiel del mismo que no parece posible, por más que un examen minucioso de alguno de los tacos revele leves diferencias en algunas lineas que más bien parecen repasadas por grabador experto que copia. Solo en un caso, -la ilustración del canto segundo-, se observa una discordancia clara, y la diferencia de autoría (y de calidad también) respecto a las otras es tan obvia que más bien reafirma la procedencia italiana de todas las demás. Desgraciadamente se desconoce el nombre del autor de estas ilustraciones, pero el dibujo es de gran calidad y el grabador lo ha llevado a la madera con destreza. Hay en el Orlando cruentos combates, criaturas salidas de atávicos bestiarios, héroes atrapados en un destino fatal, heroínas que bajo una armadura igualan la destreza de los más arrojados caballeros, hermanos que no saben que lo son, árboles que son personas, escudos cuyo fulgor ofusca el entendimiento del adversario, anillos de mágicas cualidades, grutas escondidas, lugares de nombres míticos. Estas xilografías trasladan a imágenes todo este mundo.


    La traducción de Urrea ha perdurado en el tiempo de forma asombrosa, hasta el punto de que se puede encontrar hoy en día en cualquier librería. Hubo otras. La siguiente, de Hernando Alcocer, se publicó tan sólo un año después. Pero más de diez ediciones en la segunda mitad del siglo XVI confirman la popularidad de la primera. Sobre ella existe en la red un interesante proyecto que, además de analizarla con detalle, permite cotejar los primeros cantos en diversas ediciones. Todo lo que pudiera añadir a lo que ahí se dice resultaría redundante. La primera traducción verdaderamente moderna de la obra de Ariosto al español data del año 2005, ha obtenido diversos premios, y se ha reeditado recientemente. Cualquier lector actual la encontrará mucho más diáfana y exacta que la antigua traducción de Jerónimo de Urrea. Aún así, ésta tiene el valor de poder conocer la versión que se leyó en la España del siglo XVI, y no está exenta de interés en sí misma. El encomiable empeño de Urrea por adaptar su texto a la métrica de Ariosto hace que la lectura avance al ritmo de las octavas de forma casi hipnótica, más aún cuando por la oscuridad de algunos pasajes se acaba leyendo en voz alta. He seleccionado el episodio de la locura de Orlando, no sólo porque da título al libro (pese a no tener en el relato una importancia que lo justifique) sino por haber sido objeto de inspiración para algunos célebres escritores. Un ejemplo ha acabado asomando ahí abajo. Para quienes puedan sentir curiosidad por cotejarla, he puesto en paralelo el texto italiano de la edición Giolito a partir de un ejemplar de 1549 digitalizado en la Biblioteca de la Universidad de Valencia. Varias muestras de la moderna traducción de Micó, una de ellas de este mismo pasaje, se pueden leer en la red en una revista cultural. Una nueva traducción, que he podido conocer por los comentarios a esta entrada y que mantiene la métrica original, se puede leer libremente en esta dirección por voluntad de su autor. 







Orlando, Canto XXII, detalle
Don Quijote, I, XXV. Amberes, 1719.
Don Quijote, I, XXV. Amberes, 1719.
    Este ejemplar procede de una librería italiana, y en Italia debió estar desde antiguo, a juzgar por el texto rotulado en el corte inferior. Sólo he localizado otros dos ejemplares en España. Uno en la Biblioteca Nacional, falto de una hoja, carencia que en algún caso ha confundido a los especialistas. Otro, con probable encuadernación de Plantino, que perteneció a Felipe II por obsequio de Urrea durante su estancia en Flandes, en la Biblioteca del Escorial. También hay otro en la British Library y al menos siete en diversas bibliotecas italianas. Pese a esta rareza, es un libro que está en el mercado. En los últimos años lo he visto en el catálogo reciente de un librero español, y he tenido noticia de que se ha vendido otro. Se reproducen a continuación las dos caras de la hoja que falta en el ejemplar de la B.N.E, con el retrato de Jerónimo de Urrea y la carta al lector y licencias, para que en el dudoso caso de que alguien lo necesite pueda hacer uso de ellas, y como recuerdo de quien probablemente no soñó que su traducción estaría viva 450 años después.


22 comentarios:

  1. ¡Precioso libro! Realmente los libros de caballería son apasionantes, tanto por su edición como por su argumento. ¡Lastima su rareza que les hace alcanzar precios de Beluga iraní!. Nos tendremos que conformar con las escasas reediciones posteriores.
    ¡Feliz Año 2011!. Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Bueno, era para terminar bien el año, y también como homenaje a los bibliófilos valencianos, que celebran la exposición del Tirant. ¡Feliz año a ti también!
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Urzay.

    Se agradece que acompañes tu hermoso libro con un artículo excelente. No me canso de ver las ilustraciones, cierras el año con broche de oro.

    Detallazo que subas el faltante del ejemplar de la B.N.E.

    Un fuerte abrazo ¡Feliz 2011!

    ResponderEliminar
  4. Muy interesante la entrada, aunque haría yo algunas puntualizaciones sobre la introducción. Pero no vienen al caso ahora.

    Me animo a escribir, porque, viendo la magnífica edición del libro de Urrea, he acabado por entender que se reeditase tantas veces una traducción tan rematadamente mala. Y no lo digo por las licencias que se tome, sino por los versos.

    ¡Ah! Entre las traducciones del s. XVI (las dos que indicas más una en prosa) y la de Micó, se hicieron varias en el siglo XIX.

    ResponderEliminar
  5. Que mejor forma de terminar el año que ofrecernos un libro tan singular, que despierta una vez más la sana envidia del que te escribe (recuerdo a bibliotrastornado y su incunable)Además de la rareza del volumen, que aunque se vea en comercio, no deja de ser raro, es realmente un libro bello. Las xilografías son bellas y de cuidada ejecución y acompañan a una impresión cuidada que denota su origen amberino. Un estado de conservación óptimo y me encanta el detalle del título en el corte inferior.
    Enhorabuena por tan buen libro y por tan buena presentación, como siempre, que hace una delicia el leerte.
    Por cierto te tuvimos presente en la reunión bibliófila en Valencia que fue realmente entrañable y los valencianos disfrutamos de la visita de los biblofilos catalanes. Evidentemente "amor librorum nos unit"

    ¡Feliz año Urzay!

    ResponderEliminar
  6. Urzay, da gusto leerte. Me gustan mucho los grabados xilográficos de los libros del XVI; tienen un encanto del que carecen los calcográficos posteriores. Un apunte sobre tu descripción del libro: dices que es un octavo mayor, pero por lo que he visto en las imágenes se trata de un cuarto. ¿La denominación de octavo mayor es sólo por los centímetros?

    ¡Feliz año!

    ResponderEliminar
  7. Lo que comentas de la reproducción de la hoja que falta, Marco, es que era ineludible. Así si alguien necesita consultarla se ahorra el tener que pedirla a la British (a poco que busque en Google). En realidad, ese es uno de los objetos de estos blogs, poner en la red este tipo de cosas. Me llama la atención que en España las bibliotecas institucionales están digitalizando bastante, y con acceso universal en general, mientras que en otros países europeos no es recíproco. Por ejemplo, encontré registrados en Europeana bastantes ejemplares de las ediciones Giolito en bibliotecas italianas, pero al final sólo he podido ver el de la Universidad de Valencia, al que se accede sin problemas. Así que cualquier aportación, aunque sea modesta como ésta, no está de más.

    Anónimo (se me hace raro esto, pero ¿no somos casi todos anónimos?) respecto a lo que comentas de la introducción, puedes puntualizar lo que quieras, a mí no me parece mal, al contrario, los comentarios normalmente mejoran bastante las entradas del blog y los intercambios de opiniones se agradecen, más si proceden de alguien que se ha leído el Orlando. Seguro que si damos un paseo por la calle tan sólo por casualidad nos cruzamos con alguien que lo haya hecho, y eso lo dice todo. Sobre el tema de las traducciones posteriores, en efecto no me detengo en ellas, pero pensé que no era el objeto de la entrada. En vez de ello puse en el texto un enlace a un artículo de Micó sobre las traducciones antiguas, y otro al proyecto de hipertexto de esta traducción que dirige Nieves Muñiz, donde hay una bibliografía suficiente. Quizás no se ven bien, porque me gusta que sean discretos y en su día elegí en el diseño del blog un azul oscuro que hace que los enlaces pasen un poco desapercibidos. Pero lo prefiero así, es la manera que tengo de citar las cosas aquí para no llenar el texto de referencias bibliográficas, y aún así ya me paso bastante. De hecho estoy repasando ahora lo que he puesto y ni siquiera he citado por su nombre a Muñiz, que es quien mejor ha estudiado esta traducción. Sobre el tema de los malos versos de Urrea, pues esa es en efecto la opinión de los entendidos. Como yo no lo soy, me limito a exponer mi experiencia como lector (y no he puesto que me parezcan buenos). Muchas veces no entiendo la traducción, y he de acudir a la de Micó o al original para enterarme. Pero la métrica me atrapa, y creo que en el Orlando la forma es indisociable del fondo. Obviamente eso no es mérito de Urrea, sino de Ariosto, y me pregunto si había alguna posibilidad de que al tratar de reproducir la métrica original el resultado le saliera bien al traductor. El empeño, al menos, me merece respeto, porque es de locos. Me gusta la ironía con la que comentas la razón del éxito de la traducción de Urrea. Pero hay que pensar que de todas las ediciones que se hicieron en el siglo XVI, no todas eran como ésta. Algo le verían al texto, entonces. Eso sí, a la vista de unas imágenes tan bellas como llevan a veces los libros de caballerías, ¿a alguien le puede extrañar que ese tal Quijada o Quesada o Quijana soñase otro mundo?

    ¡Feliz año 2.011!

    ResponderEliminar
  8. Me alegra que te haya gustado el libro, Lamberto, en realidad de eso se trata. No pensé yo cuando hace unos 3 años descubrí tu blog, el primero que encontré sobre bibliofilia (y pensé ¿pero qué hace este loco hablando de sus libros?) que a estas alturas haríamos lo mismo unos cuantos. Y a ver si se siguen sumando más y podemos seguir viendo buenos libros este próximo año. Acabo de ver en Piscolabis una reseña de vuestra reunión, y posterior visita vespertina a una biblioteca bien insigne. Ahora con el nuevo AVE a ver si me apunto a alguna cita bibliófila futura.

    Gracias por el comentario, Carlos, a mí también me encantan estos grabados (creo que se notado). Lo del formato del libro la verdad es que agradezco que te hayas fijado, porque aprovechando que eres un especialista voy a ver si salgo de dudas. Con el tema de los formatos me suelo atener a las signaturas, más que a los tamaños, porque el número de veces que se dobla el pliego (1 el folio, que son 2 hojas, 2 el cuarto, -4 h.-, 3 el octavo, -8 hojas-, etc) es el que es, y en cambio el tamaño en cms. o mms. varía mucho más (según se haya encuadernado, etc.) Este libro está signaturado en cuadernillos de 8 hojas, excepto el último, que son 4 (ahí acaba el texto) y las 2 últimas, que son la tabla y fe de erratas. El tamaño del libro es, en efecto, el que todo el mundo llamaría un 4º, como figura en la ficha de la B.N.E., y hubiera sido más fácil copiarlo, pero como son pliegos de 8 hojas me empeciné en el octavo aunque tenga 21 cms. largos. Según creo, los octavos mayores pueden tener hasta 22. En fin, espero que me saques de dudas y si hace falta corregirlo lo hago sin problemas. Hace unos meses también comentamos algo de los formatos antiguos en el blog de Marco, con motivo de un anuncio de venta del Quijote de 1797, pero tampoco salimos de dudas.

    Un abrazo a todos, y ¡feliz año!

    ResponderEliminar
  9. Ha sido un grande placer leer esta entrada, como siempre, sobre un libro tan singular que es realmente un libro muy bello.

    Las xilografías son de una grande belleza y de cuidada ejecución.¡ Es un grande placer ver y revisar estas mismas imágenes!

    Un fuerte abrazo ¡Feliz 2011!

    ResponderEliminar
  10. Urzay, no quise extenderme en el comentario porque, efectivamente, esto es un blog bibliográfico y no literario: escribí sólo porque me pasmó la belleza física del libro.

    Pero me extenderé ahora, pues me prestaste atención. Me quejé de la introducción, porque para presentar el Orlando furioso hablas de los libros de caballerías. Ciertamente pertenece al mismo género, el épico, y tienen un mismo padre, la cantares de gestas franceses; pero ahí acaba su filiación. Salvo en la inverosimilitud, se parecen como un huevo a una castaña. Para presentar a algo o a alguien se suele hablar de sus padres o de sus hijos, pero jamás de sus primos lejanos. El Orlando no se lee ya apenas, pero no por la razón por la que no se leen los libros de caballerías (antiguos), sino porque es un poema épico y los lectores ya no saben leer verso y les aburre. La inverosimilitud y la fantasía es lo de menos, porque de hecho se siguen leyendo libros de ese jaez: toda la literatura fantástica de El señor de los anillos y demás hijos bastardos y legítimos no deja de ser literatura de este tipo barnizada a lo moderno. El Orlando no se lee por al misma razón que no se lee la realísima Araucana, estéticamente y formalmente tan parecida. Acabo esto para no resultar prolijo: si yo tuviese que haber citado un referente español, habría citado La Araucana y las continuaciones de Lope o de Barahona de Soto. Y el Quijote, claro.

    Y en cuanto a las traducción de Urrea, es mala de solemnidad. No ya porque se acomode más o menos a los patrones modernos de traducción, los cuales no comparto del todo, porque atienden mucho siempre al sentido del texto y no a la estética del texto. La prueba es la traducción de Micó que prescinde sin sonrojo de la octava para ser fiel al texto, pero ¿se puede ser fiel a un texto si se prescinde de su estética? El caso es que los versos de Urrea son torpísimos y gran parte de ellos ripiosos (hablo de lo poco que he tenido la paciencia de leer) y no sé de qué modo te pudo atrapar la métrica. En cambio,
    no creo que se entienda mal, aunque no sirva del todo como guía de lectura para entender el original italiano.

    Nada más, o sí. Veo que eres curioso lector y preguntas si, conservando las octavas, se puede llegar a un buen resultado, entendiendo por buen resultado algo digno y no algo a la altura del texto del Ariosto, que es empresa imposible. No diré ni que sí ni que no; te dejaré, en cambio, un enlace y haz tú el juicio:

    http://es.wikisource.org/wiki/Orlando_Furioso

    Dentro de un par de semanas a lo más tardar subiré el canto XII.

    Y eso es todo: felicidades por la entrada y por el blog.

    ResponderEliminar
  11. Te he dicho que me parecía un 4º porque he visto que los puntizones del papel corrían verticales y por tanto los corondeles en horizontal. Un 8º es al contrario, corondeles verticales y puntizones horizontales. El método para determinar el formato de un libro antiguo es fijarse siempre en esas líneas del papel antiguo (corondeles, las más separadas, puntizones, las más juntas) y recurrir a la posición de la filigrana si aún se tienen dudas. El número de hojas que componen el cuadernillo es un dato importante, pero lo fundamental es lo otro. Si un libro en 4º tiene 8 hojas es porque tiene cuadernillos encartados, es decir, un plegado en 4º dentro de otro plegado en 4º.

    ResponderEliminar
  12. Lo primero de todo, Rui, me alegro de que te haya gustado. ¡Feliz año a ti también!

    Respecto al tema de Orlando y los libros de caballerías, Brunelo (esto es algo menos raro que anónimo, o más, según se mire) entiendo tu criterio, y me parece coherente y defendible. Creo, sin embargo que las razones que das son internas a las propias obras, y no son las únicas que hay. Las hay externas, de contexto. Una es, por ejemplo, que Orlando se leyó en la España del siglo XVI como una historia de caballerías. Los episodios de Orlando se popularizaron junto a los de Amadís, Felixmarte, Lisuarte y tantos otros, aunque el Orlando literariamente fuera un primo lejano. No hace falta recurrir a citas eruditas, -y se pueden encontrar varias en el estudio de Muñiz que he enlazado-, basta con leer el Quijote, donde se habla y mucho de libros de caballerías, y se sitúan en ese contexto numerosas referencias a Orlando. Es una cuestión de perspectiva: si yo hubiera osado dedicar la entrada a valorar la obra de Ariosto en la historia de la literatura, o a analizarla, los referentes que tú propones son probablemente mucho más adecuados, pero como me limito a hablar de un libro del siglo XVI con la traducción de Orlando que hace Urrea, empezar hablando de libros de caballerías no me parece en absoluto impertinente. Sobre la precisión que haces de que unos y otro no se leen ahora, pero por razones distintas, tienes razón, y está bien hacerla. Es más, creo que el Furioso algo se lee, y se leerá siempre, aunque sea por una minoría, mientras que la mayoría de los libros de caballerías hispánicos no se volverán a leer nunca. Como el Clarisel de las Flores, del mismo Urrea, por ejemplo, que lo habremos leído dos y medio. No estará de más dedicarle una entrada en el futuro porque tiene una historia curiosa, pero como de los dos y medio yo soy el medio, tendré que esperar a ser capaz de acabarlo. Finalmente, respecto a la traducción, he visto el enlace que propones, que desconocía, y sólo decidirse a traducirlo, como te comenté, ya me merece respeto, más aún si se hace en octavas con su rima. He pasado un rato leyendo un episodio del canto VI en esta traducción (que es el V), en la de Micó, en la tuya y en el texto original (muy bien de la cabeza, como verás, no estoy). No te daré mi opinión, que carece de autoridad alguna (recuerda que yo encuentro interés en el texto de Urrea), pero si algún día te decides a publicarla en papel y quieres usar esta serie de xilografías para ilustrarla, mándame un correo y te envío libremente reproducciones de las 45. Gracias por pasar por aquí y por contribuir a mejorar estas páginas con tus comentarios.

    Carlos, te agradezco la corrección, y actualizo la entrada con ella. He revisado las hojas y, en efecto, los corondeles van en horizontal. Tiene delito que después de tantos años de haber aprendido estos términos en la facultad, jamás se me haya ocurrido aplicarlos a resolver este tipo de problemas (bueno, tampoco se me ha dado el caso). Mi hija pequeña traía del colegio el año pasado cada fin de semana un libro para leer acompañado de una ficha para contestar varias cuestiones. Una de ellas era: “Con este libro he sentido... A.Alegría, B.Tristeza, C.Aprendo cosas, etc. Después de leer tu comentario, este fin de semana voy a poner una X en la casilla “aprendo cosas”.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  13. Completísima e interesante entrada, Urzay, así como los comentarios posteriores, incluso para los que no somos expertos en bibliografía. Me han gustado mucho las xilografías, muy bellas. Agradezco también que te hayas tomado la molestia de subir tanto material, da una idea cabal de como es esa edición, tanto en la parte estética como en el contenido. Y yo también he aprendido algo con la aclaración de Carlos sobre los formatos de 4º y 8º.

    ResponderEliminar
  14. Ha valido la pena estar un rato subiendo fotos, entonces. Me alegro de que te haya gustado, Elena, y ¡feliz 2011!

    ResponderEliminar
  15. Gracias por la molestia de la parrafada, Urzay. Tienes razón en tus apostillas, aunque advierte que los personajes del ciclo carolingio ya eran famosos en España, antes del poema de Ariosto. Andaban dando ya tajos y estocadas por muchos romances.Incluso lo hacía la espada de Orlando sin Orlando, Durindana, que los españoles humanizaron en un personaje llamado Durandarte y que aparece en el episodio de la cueva de Montesinos, no como espada sino como guerrero. Con todo, como bien dices, no es impertinente la introducción.

    Si dices que has leído un episodio del canto VI, supongo que será ese en que Rogelio se encuentra a Astolfo convertido en mirto, visto que lo has citado en la entrada. Episodio que por cierto tiene dos versos que recuerdan poderosísimante los dos bellísimos con que Dante recibe a Virgilio antes de entrar en el Infierno, cuando aún no sabe quién es.

    Y gracias por tu ofrecimiento, aunque no veo ni siquiera el día en que acabe. Casi 40.000 versos son muchos.

    ResponderEliminar
  16. En efecto, era el episodio que comentas, -y el encuentro posterior con la horda monstruosa de los hijos de Erífile-, al que acudí para cotejar las traducciones. Verás que había puesto también el grabado de ese canto. He pensado incluir una referencia a tu traducción, si no te parece mal. También iba a haber incluido alguna fotografía del texto de Micó, pero al final la quité para evitar problemas de derechos, sustituyéndola por dos enlaces a las muestras que hay en la red. Si te parece enlazo la tuya del mismo modo.

    ResponderEliminar
  17. No hay que pedir permiso, Urzay: la traducción es libre, de modo que puedes hacer con ella lo que quieras.

    En cuanto a Micó, supongo que, si incluyeses algo del texto, estaría amparado en el derecho de cita, aunque nunca se sabe. Con todo, he visto que el enlace que facilitas al texto de Micó contiene tres pasajes: el combate de Orlando con la Orca (que como es el canto XI, sí tengo traducido), el cuentecillo grotesco del enano y la reina (que tardaré mucho en traducir) y la locura de Orlando. De esta última tengo cuatro octavas traducidas, aunque no he subido ninguna, porque procuro hacerlo cuando tengo cantos completos. No son, sin embargo, las octavas que se vierten de Micó, sino el lamento de Orlando, esas famosas en que Ariosto cedé la voz a Orlando y éste se queja sin la mediación del narrador del desvío de Angélica (Queste non son più lacrime, che fuore...)

    ResponderEliminar
  18. Pues con un poco de retraso, pero queda actualizada la entrada con el enlace a tu traducción. Cualquier cosa que se te ocurra en el futuro según vaya evolucionando tu trabajo y quieras comentar, no dudes en hacerlo. Muchas gracias y un saludo.

    ResponderEliminar
  19. Muy interesante trabajo y muy atinados comentarios. Felicidades

    ResponderEliminar
  20. Me alegra que te haya interesado. He estado un tiempo ausente, ahora con el inicio del curso escolar ya retomaré el blog con más continuidad. Un saludo.

    ResponderEliminar
  21. Tu articulo me parec
    Dispongo de un ejemplar impreso en Venecia en 1575. Completo con todas las maderas y en muy buen estado ¿crees que puede tener algo de valor?
    Gracias

    ResponderEliminar
  22. Perdona el retraso en contestar, para este tipo de consultas tengo una dirección de correo electrónico (urzay.blog@gmail.com), si me escribes ahí te doy mi opinión sin problemas. Gracias por tu interés.

    ResponderEliminar